¿Qué es el Scrum? ¿Y los proyectos ágiles?

Herramientas digitales - 17 de Septiembre de 2018

¿Qué es el Scrum? ¿Y los proyectos ágiles?



El término Scrum como proceso de trabajo nace en 1986 tras un estudio sobre los nuevos desarrollos de productos que se estaban realizando entonces principalmente en Japón y EEUU. Procesos que tenían como denominador común el haber triunfado en sus mercados partiendo de un enfoque innovador y a pesar de unos requerimientos muchas veces excesivamente generales y con times to market muy ajustados.

El término es la traducción de melé, una jugada de rugby en la que los jugadores se dividen en dos grupos que se empujan el uno al otro para asegurarse la posesión del balón. Y es que este proceso o marco de trabajo se basa precisamente en eso: la división de las tareas en grupos muy concretos y en su ejecución simultánea por parte de diferentes equipos para lograr un producto de gran calidad en un tiempo récord.



Desde 1986, miles de proyectos en todo el mundo han utilizado Scrum para el desarrollo de sus productos, tanto en startups como en grandes multinacionales. Y en diferentes tipos de negocio, aunque especialmente en el desarrollo de software y productos tecnológicos.
Se trata de uno de los procesos que más fuerza ha ido cobrando y cuyo objetivo es facilitar la gestión de proyectos en entornos complejos donde es necesario obtener resultados en poco tiempo, y por tanto no se pueden asumir retrasos importantes en el proyecto. También es idóneo en proyectos donde los requerimientos están poco definidos o se sabe que serán cambiantes. Todo en aras a obtener un producto final donde la innovación, la competitividad, la flexibilidad y la productividad son fundamentales.


Los actores y fases del Scrum


El Scrum es uno de los modelos de trabajo disponibles dentro de las metodologías ágile, sistemas de desarrollo de productos basados en la agilidad, la flexibilidad, la autogestión, el trabajo colaborativo y el solapamiento de tareas en busca de la competitividad. Se trata de dividir un proyecto en fases pequeñas y concretas para asignar a continuación cada una de ellas a un equipo que irá trabajando de forma simultánea, así como realizando test individualizados con métricas relevantes para comprobar o medir las resultados y funcionalidades del producto.

En Scrum, concretamente, un proyecto se ejecuta y gestiona en ciclos temporales cortos y de duración fija. Básicamente se basa en la idea de fragmentar el proyecto en multitud de entregables (springs) a corto plazo.

Por ello, la primera tarea debe ser definir un product backlog: los pilares del producto o wish list sobre las características que debe tener. Una vez definidos, se establecen una serie de sprints o periodos de trabajo (sprint planning). Cada sprint tiene un equipo diferente asignado, unas funcionalidades o features inamovibles y debe tener una duración de entre una y cuatro semanas. Características todas que se definen en una primera reunión.

Durante cada fase de trabajo y a diario, se producen una serie de reuniones de unos 15 minutos (los daily scrums) donde deben comentarse los avances del día anterior y los previstos para la nueva jornada. En base a esta información, el scrum master (organizador) dará instrucciones al scrum team. Una vez finalizado el sprint, se producen dos reuniones. El review, donde se miden los resultados del trabajo y los logros obtenidos; y la retrospectiva, donde se anotan los errores e incidencias registradas para mejorar en futuros proyectos.

Este sistema permite ir introduciendo mejoras constantes para reorientar el enfoque final del proyecto si fuera el caso, e ir adaptándose a las exigencias del product owner o cliente. Además, permite que todos los avances importantes del proyecto pasen un control interno para verificar que el resultado cumple o mejora las expectativas.

Esta metodología es sobre todo utilizada en proyectos de software y productos tecnológicos, pero puede inspirarnos para aplicar a nuestros procesos tradicionales en cascada algunos de sus principios y beneficios que básicamente son estos:

  • Agilidad. Permite entregar en time to market más reducidos productos innovadores que aportan valor.

  • Flexibilidad. Permite introducir cambios sobre los requerimientos iniciales del proyecto, incluso si llegan en medio del proceso, con el objetivo de obtener ventajas competitivas. Aporta por tanto mayor calidad, control y predicción.

  • Simplicidad. Ayuda a reducir las tareas no esenciales de un proyecto.

  • Mayor productividad. Permite desarrollar proyectos en un entorno colaborativo lo que influye positivamente en la motivación del equipo.

  • Promover la mejora continua y el desarrollo sostenido. Los promotores, desarrolladores y usuarios deben ser capaces de mantener un ritmo constante de forma indefinida, lo que además permite minimizar riesgos.

En definitiva, el Scrum es un proceso de trabajo que permite evitar los retrasos en las fechas de entrega, el aumento de costes o incluso la obsolescencia de los productos. ¿Quién no querría gestionar así su marca?

Autor:
Isabel Santomé
Responsable de Comunicación
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